Evidencias para el monitoreo

Las evidencias como insumos para monitorear el aprendizaje de los/as estudiantes y contar con una fuente de insumos que permitan generar reflexiones colectivas sobre la actividad.

En el marco de las nuevas pedagogías, las estrategias de evaluación no se deberían limitar a la valoración de un producto final. Contrario a ello, la búsqueda es generar instancias de retroalimentación que brinden insumos para que el proceso de aprendizaje pueda reformularse y adecuarse a las necesidades de los/as estudiantes. Lo ideal es que estos insumos sean evidencias, es decir, pruebas manifiestas de aprendizaje recogidas directamente del proceso de formación.

Para que las evidencias sean un reflejo del proceso de aprendizaje, es aconsejable determinar previamente cuáles serán aquellos mojones o hitos durante los cuales se desarrollarán instancias de retroalimentación. De esta manera, la evaluación tendrá un carárcter formativo y al mismo tiempo nos permitirá recolectar evidencias fundamentales para:

  • conocer cómo se realiza la acción pedagógica: lo que se hace y cómo se hace.
  • contar con una historia de las acciones en una determinada unidad de tiempo y con un propósito también determinado.
  • dar devoluciones efectivas.
  • individualizar los procesos de aprendizaje.

¿Por qué recolectar evidencias?

En el marco metodológico propuesto por las nuevas pedagogías (Ciclo de Investigación Colaborativa), la última etapa que se transita cuando se realiza una actividad de aprendizaje es la de reflexión y cambios.

Al momento de reflexionar sobre el camino transitado es fundamental recuperar aquello que podemos observar en los productos realizados por los/as estudiantes y también su desempeño, es decir, de qué manera se realizaron los trabajos propuestos, cuáles fueron las actitudes en relación con el trabajo y a su propio proceso de aprendizaje.

La memoria del/de la docente y del/de la estudiante es un insumo valioso, pero no es siempre suficiente para dar cuenta de ciertos aspectos que podríamos observar y valorar si contamos con evidencias. Esto es particularmente pertinente para contemplar el desempeño de los/as estudiantes durante la actividad. Por tal motivo, el registro de evidencias -a través de diarios de observación, fotografías, video y otras estrategias- es un aporte fundamental al momento de recuperar el proceso de aprendizaje y valorar las diferentes áreas de desarrollo de los/as estudiantes.

Si, por ejemplo, queremos compartir con nuestros/as estudiantes el camino transitado, las evidencias del comienzo y del final podrían plasmar el proceso realizado y transformarse en un insumo para que los/as estudiantes y los/as docentes valoren la actividad.

Además, las evidencias son particularmente importantes si queremos compartir nuestra práctica profesional con colegas. Si agregamos pruebas del proceso realizado, los/as receptores/as que intentan reconstruirlo y comprenderlo contarán con más elementos para leer y acercarse a la actividad de aprendizaje. Por tal motivo, pensar en las evidencias es fundamental si uno de nuestros objetivos es formar comunidades profesionales de aprendizaje que reflexionen sobre su práctica.

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